jueves, 22 de febrero de 2018

ESTOCOLMO, 23 DE AGOSTO DE 1973.


                                                                         
                                                                                 




                       

                                                 ESTOCOLMO, 23 DE AGOSTO DE 1973


Pudo ver con claridad, como la cara de la cajera palideció en milésimas de segundo, y comenzaba a sudar por los diminutos poros que quedaron patentes a sus ojos, cuya vista se agudizó ante el súbito peligro localizado a su espalda que les exigía que se tirasen al suelo. La estridencia de un ruido desconocido, pero que sin embargo supo identificar como el  de una ametralladora, le heló la sangre, mientras se levantaba y se giraba, obedeciendo la orden de aquella voz poderosa. Un cambio esencial sucedió en ella. Ya no sería la misma que entrase a trabajar aquella mañana, la que volviese a salir, si es que salía viva de allí. Durante los, por su brevedad, incalculables instantes en que sus miradas se cruzaron, comprendió quien era Dios en aquel momento delirante, y supo que no mentía cuando gritaba que dispararía, y al mismo tiempo vió en aquellos ojos, una sincera disposición a salvarla de sí mismo, que la hizo sentirse segura.



begoña casáñez clemente

(fotografía de begoña casáñez clemente)


miércoles, 21 de febrero de 2018

EL COMPROMISO DE JONÁS

                                                                       


                                                                       




 
                                                    EL ANILLO DE PEDIDA


La mañana en que Jonás recuperó el anillo de Monte de Piedad, en donde había permanecido sobrado tiempo, por necesidad unas veces, por descuido otras, era una brumosa mañana de octubre. El frío del mar suspendido en el aire se desparramaba sobre la ciudad. Desde su piso, Jonás escuchaba el tintineo de los mástiles, y el chapoteo del agua batiéndose mansamente contra los muros de la dársena.

Un intenso aroma salado inundó la habitación cuando ella entró con su vestido de lentejuelas azules, ceñido como una segunda piel. Brindaron embobados el uno en el otro. La música vino a darles la excusa para los primeros abrazos, que supusieron, en el ánimo de él, un húmedo contacto. Las caricias no fueron preámbulo sino pura materia. La piel de ella confundía al tacto, diríase que era  dúctil, jabonosa..., y Jonás se hundió en la embriaguez y la sal, y se extinguió en un ondulante movimiento.

La rítmica vaharada de su respiración en la espalda, le despertó. Percibió las nalgas frías de Marina contra las suyas. El pánico se apoderó de él al sentir el gélido aliento entre sus omóplatos. Se giró lentamente, temiendo despertarla. Le paralizó el terror, al comprobar que el pelo de su prometida, se movía, dilatándose y contrayéndose, a la altura de la nuca. Su mano, temblorosa, la despejó, y horrorizado descubrió  el aventador del que provenía aquel intenso olor a salitre que impregnaba la estancia.




begoña casáñez clemente

(imagen de la fotografía: acuarela  de begoña casáñez clemente)





martes, 20 de febrero de 2018

LA PACIENTE INSENSIBLE





                                                                                



                                       
                                                           LA PACIENTE INSENSIBLE



Tengo una paciente de la que me gustaría hablarte, por supuesto, sin mencionar su nombre. Es una mujer que sin llegar a ser hermosa, puede cautivar. Su encanto reside probablemente en su mirada, que es acerada, o en sus manos extremedamente delgadas, pero no huesudas, o sus pequeños pies ajustados dentro de unos botines de tafilete azul, quien sabe si en su atezado cabello, siempre enroscado sobre su blanquísima nuca.
No creas que he venido hasta aquí para hablarte de su aperiencia física, pero como sabes, en mi profesión, esta es, en muchas ocasiones determinante para un buen diagnóstico. Bien amigo, esta mujer no siente alegria, ni tristeza,  ni calor o frío. Llegó a mí, por mediación de un colega que no supo determinar su patología. Nada la conmueve. Una tarde de este invierno, el más frío desde hace décadas, acudió a la consulta con tan solo un vestido de seda y un bolero de mohair. A pesar de lo cual, decía no tener frío, y su rostro no se veía transido o sus manos mostraban signos de estar ateridas.
Sin embargo ella sabe lo que es sentir, porque hasta hace un par de años padecía como cualquier ser humano dolor o malestar, tanto físico como mental.

Fue una mañana de febrero, cuando todo cambió. Caminaba con su hijo por la Calle del Álamo, cuando se desplomó aquel enorme edificio modernista, bajo cuyos escombros perecieron siete personas. Ensordecida y cubierta de polvo, recogió el cuerpo de su hijo, y continuó caminando hasta llegar a su casa. Nadie la detuvo en el trayecto. Le puso al pequeño el pijama y lo arropó. Para cuando alguien llegó a la casa, habían pasado horas desde el accidente y ella permanecía sentada en el salón mirándo por la ventana cerrada hacia la calle.
Desde ese momento, dejó de tener emociones. Cuando su marido apareció desesperado, se limitó a mirarlo y explicarle lo que había ocurrido, como si le describiese cualquier paseo habitual. Ella misma quiso amortajar a su hijo y meterlo en el ataúd, y lo hizo, como quien empaqueta enseres que ya han dejado de ser útiles.

Cuando cuenta este terrible episodio de su vida, no muestra ningún tipo de alteración en su rostro.  Paso a leerte sus inquietantes palabras  de la visita del  pasado miércoles:
 
"Como usted ya sabe doctor, yo no vengo aquí por voluntad propia. Mis familiares me obligan, y yo me dejo gobernar, porque en realidad ellos no saben que yo estoy muerta, que todos lo estamos. Ignoran que nacer es morir, y tampoco quieren escucharlo. Usted, con toda probabilidad, no querrá tampoco entenderlo. Pero yo ya me he cansado de explicar que estoy muerta. Este cuerpo es solo un contenedor en el que estoy atrapada. Él necesita de mi voluntad para latir, y yo me he prestado resignada a mantenerlo, pero solo hago por él lo imprescindible. Lo mejor es, que su intestino ha comenzado a pudrirse, pronto su olor delatará el mal que sufre y cuando lo abran para ver que es lo que le pasa, comprobarán que millones de gusanos devoran sus órganos".

Lo peor de todo, querido Cotard, es que yo la creo.




begoña casáñez clemente

fotografía de begoña casáñez clemente









lunes, 19 de febrero de 2018

LA BOREAL IMPOSTORA NILSA LINDBERG


                                        

                                                                        


                                                                           
         





                                              LA BOREAL IMPOSTORA NILSA LINDBERG




Cuando apenas contaba veintisiete años de edad, Nilsa ya conocía muy bien el éxito profesional, la solvencia económica e incluso el reconocimiento sincero a su valía. Por extraño que pudiera parecer, en aquellas latitudes, los colegas, se congratulaban de tener a su lado, cuanto más cerca mejor, a  alguien  brillante,  que con sus destellos atrajese clientes a la zona.

Nilsa era nacida en Tromso, una popular ciudad noruega, cuya principal riqueza, procede, cual Maná, de sus cielos verdes, de evocadora luz solar centelleante en las noches más oscuras del invierno. Son precisamente, esas celestiales fosforescencias, que casi con seguridad atemorizaron a sus primeros pobladores, las que constituyen el motor turístico que satura los hoteles.

Nilsa, por tanto, se crió entre extraños que iban y venían, acostumbrándose así, al trato con otras lenguas y culturas, mientras se adiestaba en la gastronomía y sus servicios. Fue por ello, por su especial y casi innata maestría en la cocina, por lo que decidida, abandono las casi perpetuas nieves y los cielos psicodélicos de su ciudad natal, y se aventuró en las abrasadoras dunas de jable que avanzan siempre.

Pronto, se convirtió en la flamante dueña de varios restaurantes, que su  espíritu hospitalario sazonó con sabores exóticos y artísticos platos,  que por imitación fueron estableciéndose como referentes de la oferta culinaria de aquella isla lejana.

Pero hubo algo que desmoronó la fuerza arrolladora de esta aventurera vikinga, algo con lo que ella no contaba,  que forma parte insoslayable del desarrollo personal, y que no es otra cosa que el  amor. Ese  arrollador sentimiento que surge de lo más profundo de nosotros mismos. Como fotones solares, tarda en traspasar nuestro corazón, empujado hacia el interior una y otra vez, durante años, pero cuando logra atravesar la última frontera, reluce sobre su palpitante superficie y nos ilumina en un viaje deslumbrante y peligroso.

Aquel sentimiento nuevo, escapó al control de la eficiencia de Nilsa, y poco a poco fue invadiendolo todo, ocupando cada segundo junto aquel océano que se ondulaba bajo un sol cegador. Pronto perdió el interés por su vida anterior al flechazo fatal, pues debía luchar por mantener vivo aquel afecto adictivo y letal. Agotada en la inmaterial batalla, su autoestima sufrió una irrestañable herida.

Ahora, encerrada en la alcoba de su antigua casa de madera, de nuevo bajo la noches encendidas de  Tromso, intenta recordar lo que de verdad es, para poder vencer el miedo que la paraliza . El miedo de no ser lo que antes creyó.



begoña casáñez clemente

fotografía de begoña casáñez clemente

domingo, 18 de febrero de 2018

4 DE AGOSTO DE 2012















GIJÓN 4 DE AGOSTO DE 2012




Hoy en el periódico local, EL COMERCIO,

se cuenta, que  se tienen pruebas contra

László Csatáry,  nazi húngaro:

“Con más de 90 años, son pocos los responsables del Holocausto,
 
que  quedan con vida y que aún pueden responder ante la Justicia”.

«Yo no he hecho nada, váyanse»,

El tiempo que ha pasado no disminuye en nada su culpabilidad
y la vejez no debe constituir una protección para los autores del Holocausto”.


Son las siete  cuarenta  de la mañana.

La luna llena, como una huella o una sombra,

sigue en el cielo,

un cielo transparente, como de celofán.

Las olas embisten contra el muro,

pero el mar está en calma,

es sólo que esta marea no cabe

dentro de los límites de piedra del paseo de San Lorenzo…

«Yo no he hecho nada, váyanse»,

Las barcas del calamar

salpican un día más 

la manta  de agua azul  cerúleo,

pero algo, difícil de precisar,

nos acerca al otoño.




begoña casánez clemente


(fotografía de begoña casáñez clemente)

                                    

sábado, 17 de febrero de 2018

UNA TUMBA PARA MI HERMANO

                                        

                                                                         



                                                                          







                                                 UNA TUMBA PARA MI  HERMANO


Edipo, ciego , desterrado en Colono, abandona la vida cogido de la mano de su piadosa hija,  Antígona. Ella lo acompañó en su destierro hasta su muerte. Ahora sus hermanos se asesinan el uno al otro, y Creonte, prohibe dar sepultura a Polinices, que era enemigo suyo, y así los carroñeros se alimentarán de su cuerpo, como ejemplo para que Tebas se mantenga sumisa. Pero Antígona, no puede consentir que uno de su familia, sea tan infamemente  tratado. Va donde su hermana Ismene a pedirle apoyo para cargar el cadáver de Polinices, y brindarle los rituales que dicta la ley del luto, que es ley sagrada. Ismene, intenta disuadirla, aduciendo que nada se puede contra el tirano que ha ordenado la muerte de quien intente incumplir su orden, que además son mujeres, y como tales, no podrán luchar contra los hombres, alega también, estar sometidas a gentes poderosas a las que no se debe desobedecer, y que,  emprender un imposible, no tiene ningún sentido.
Pero no logra desalentar a Antígona, quien fue sorprendida atendiendo el  cuerpo yacente de su hermano.

                                                      EL INTERROGATORIO

"El bueno de Creonte", preguntando a Antígona, por qué si toda la ciudad le acataba, ella se atrevía a desobedecer, a lo que esta responde, que no había muerto un siervo suyo sino su hermano y, que en el reino de Hades, se recibe sólo a los ungidos. Nadie podrá cruzar la Aquerusia sin un óbolo. Tú sabes que la condena que le impones es la de vagar eternamente. Tú ansia de poder te empuja a procurarle tan pavoroso destino, pues como tirano reinas, y como tal, el miedo es tu arma más persuasiva. Olvidas que ni tú ni nadie sabe qué es lo que allá abajo resulta piadoso. Yo nací para el amor, no para el odio.
Colérico, humillado, Creonte le responde: Pues si tienes que amar, hazlo ahí abajo : No habrá mujer alguna, que en vida me domine.
Al interceder Hemión  por su prometida, recibe respuestas necias : ¡Oh despreciable ser que ante mujer te inclinas!. ¿Habré pues de gobernar con criterios ajenos?.
Pregunta Hemión entonces  : ¿Quieres hablar, y luego, que nadie te responda?.



begoña casáñez clemente


fotografía de begoña casáñez clemente

viernes, 16 de febrero de 2018

EL RIDÍCULO SOMBRERO ROSA CORALLO

                            






                                                                            



                                                EL RIDÍCULO SOMBRERO ROSA CORALLO


La iba a soltar... no debía moverse...era fundamental que él notase su sumisión y entonces la soltaría. Imitaría a los perros que ante la ira del amo se tumban con las orejas gachas y la cabeza entre las patas, sin mirarle directamente a los ojos, demostrándole que está en su derecho a pisotearla, manifestándole acatamiento, aceptación, una verdadera sumisión, arrepentimiento y miedo.  Pero se estaba ahogando,  y su cuerpo respondería agitándose y ella, no podría controlarlo.

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La despertó el sonido de un envoltorio de plástico que la enfermera rasgaba para extraer una jeringa, que inyectó en un pequeño frasco de cristal con líquido ambarino. Ella descansaba casi sentada sobre la cama de aquel hospital, al que no sabía como había llegado.

- No se preocupe, es una antitetánica. Ya está a salvo.

- ¿Antitetánica?.

- Es necesaria para prevenir infecciones. Debemos tomar todas las  precauciones.

- ¿Por qué tengo las manos atadas?.

- Es para que no se las lleve a la cara mientras duerme. Va a estar sedada un par de días, así que no podemos soltárselas, se dormirá y  se despertará continuamente.

- ¿Por qué no puedo tocarme la cara?.

- No se preocupe, todo va a estar bien.  Los motivos por los que está aquí, los irá recordando poco a poco. Ahora es fundamental que descanse.

Apenas pudo escuchar las últimas palabras de la enfermera antes de volver a quedarse dormida.
                                      
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Lucien se había criado entre algodones. Siempre había tenido cualquier cosa que hubiese deseado. Como ocurrió con Marie, de la que se encaprichó un domingo de hípica, cuando la vió mirar la pista a través de unos impertinentes. Llevaba un ridículo sombrero rosa corallo con pequeñas florecillas rojas y verdes y reía histéricamente con su amiga de gruesos labios carmesí. Desde ese momento supo que sería su esposa. No era que aquella mañana hubiese salido de caza, pero su madre cada vez le presionaba más con el tema. Debía dejar claro en su círculo social que todo estaba bien, que todo era perfectamente normal. El era un chico de muy buena familia, con todos sus atributos , tanto físicos como mentales, intactos y perfectamente orientados y eso, implicaba un matrimonio con la consabida prole, la cual reafirmaría su hombría, puesta en duda en aquella desafortunada ocasión, de la que no merecía la pena acordarse.

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La boda fue un acontecimiento glamuroso. Mucha pluma y charol ocuparon los bancos de la catedral. Un mareante olor producto de la carísima mezcolanza de múltiples perfumes de renombre, se extendió por el  espacio solemne. Muchas felicidades atribuidas pero nunca consolidadas, pues los desahogados padres del novio, conocían la patología de su queridísimo y único hijo, se supusieron ese esperado día.
Y ya la noche de bodas, Marie, pudo comprobar la agresividad etílica de Lucien. Al día siguiente debió cubrir algunos cardenales con las mangas largas y un pañuelo al cuello. Enamorada, le perdonó. La desacostumbrada mezcla de vinos, licores y cavas, fue la explicación ad hoc. Y partieron rumbo a Caracas, uno falsamente arrepentido, la otra profundamente enamorada.
Dentro de él un odio irrefrenable se expandía. Tener que convivir con ella y para siempre sería, estaba seguro, mucho más de lo que podría llegar soportar. Era completamente estúpida. Aquella aguda campanilla de su risa le sacaba de quicio. Estar obligado a dormir junto a ella después de intentar engendrar su vientre. Ojalá esto ocurriese pronto, pues sería la excusa perfecta para no tocarla en mucho tiempo, tal vez nunca más.
                                                              
                                                                 

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Sólo un hijo nació de aquel matrimonio tardío que vivía bajo el mismo techo, pero separados por un abismo de frialdad que él impuso y que ella tuvo que acatar. 
Marie mimó a su vástago, pues en él volcó todo el amor que su atribulado corazón producía en exceso, como la desmedida supuración de una herida infectada. El miedo con el que convivía día a día, buscaba protección en los ojos del niño, que era el vivo retrato de su padre.
Pero se conformaba con eso. A Lucien, a pesar del pavor que le provocaba, lo tenía controlado. Sabía defenderse de sus ataques, los cuales se producían cuando bebía, en realidad eran muchas las ocasiones, pero ella, ya experta en detectar sus gestos de rencor, se protegía encerrándose hasta que él se rendía de puro agotamiento.

Pero aquella noche no había bebido, y fue mucho peor la abstinencia. Su mente confusa lo decidió en el preciso momento en que Zenón depositó sobre la mesa, la sopera humeante.




begoña casáñez clemente



(fotografía de begoña casáñez clemente)